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Nos gusta la rutina…

Nos gusta hacer las cosas como sabemos hacerlas siempre, estando cómodos así pero como dijo alguien “si haces las cosas siempre del mismo modo llegarás a los mismos resultados”.

Y es cierto, si repetimos y repetimos la misma secuencia de acciones siempre obtendremos la misma dosis de nuestros pequeños satélites que nos hacen felices.  Pero monótonos…

Pero hay otro mundo ahí fuera.

Hay otras formas de hacer las cosas…

Comidas

Músicas

Personas

Costumbres

Y reconozco que, como cualquier hijo de vecino, me cuesta experimentar nuevas sensaciones que al principio me desconciertan pero que luego reconozco que suelen acomodarse en mí y quedarse para siempre.

Y muchas veces alguien tiene que llevarte de la mano, enseñarte otros mundos, moverte la cabeza y distender ese cuello que está agarrotado de mirar siempre hacia un sentido.

En lugar de mirar al dedo con el que se señala hemos de mirar al punto donde indica.  Para ver ese fenómeno que antes no nos atrevíamos a mirar y poco a poco nos gusta cada vez más.

La pasta rellena de trufa negra.

El vino blanco semidulce.

Los cines de reestreno y sus películas poco comerciales pero llenas de sensaciones.

Cualquier cosa en la que antes no me fijába a partir de ahora puede es parte de mí.

 

En fotografía podemos conseguir que la gente mire donde queremos.  Mostrándole aquello que queremos que observen y retengan en sus pupilas.

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Posiblemente en esta foto te detengas unos instantes en la gaviota o en los hombres del fondo.  Eso quise.

O con la composición mostrar un camino a recorrer por la vista:

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Ya sea mediante un revelado subjetivo o mediante la composición es posible llevar de la mano al espectador para que vaya donde uno quiera, por la carretera de la vida que puede ser representada en una foto.

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Dedicado a los martillos que rompen mis muros.


Que pase el siguiente

Este 2012 ha sido movido. He visto como dejaba este mundo más de una persona allegada.

Pero también he presenciado la llegada de nuevos habitantes a este planeta, pequeñas vidas que tienen un gran camino por recorrer.

Y así funciona la vida.

 

Unos vienen.

 

Otros se van.

 

Y hay que dejar paso a las nuevas generaciones.

El pelo se me está cayendo, mi espalda se queja más de lo que desearía…

Cambiamos y evolucionamos.

Hasta que un día tenga que dejar paso a los que me sucedan.

Y por mucho que nos empeñemos en negarlo esas son las reglas de la naturaleza, sin las cuales no podríamos estar compartiendo este pedazito de la red.

Al ver un río se puede observar cómo las hojas muertas se deslizan a merced de la corriente pero que sirven de substrato a los árboles que aún quedan en pie.

 

 

Al observar el cielo vemos cómo las nubes se crean y se difuminan dejando caer agua que alimenta los seres vivos.

 

 

Al ver un edificio en ruinas observamos cómo queda aquello que en su día fue nuevo y hermoso y que dio cobijo y refugio un tiempo.

 

 

 

En Fotografía el paso del tiempo es un recurso muy útil.  Podemos registrar el movimiento de las estrellas, de las mareas, de cómo se mueven las nubes.

 

 

 

Y podemos (utilizando filtros de densidad neutra que reducen el paso de luz) registrar fotos con tiempos de exposición largos para mostrar cómo se mueven los elementos que normalmente no apreciamos o como no, convertir el agua en un manto sedoso, recursos casi infinitos que merecerían un artículo aparte.

 

 

O también podemos fotografiar los resultados del paso del tiempo en estructuras, en la naturaleza o en nosotros mismos.

 

 

 

En cualquier caso para que unos lleguen otros deben irse.  Quizá no a su debido momento pero las artes de la maquinaria que es el universo están por encima de nuestros deseos, así ha sido y así seguirá siendo.

Dedicado a aquellos que se fueron y aquellos que tienen toda la vida por delante, en especial a Marc y Sergi


Recuperación

La vida nos da muchas alegrías, nos brinda momentos para la posteridad pero también nos golpea, nos sacude y conmociona con diferentes sucesos inesperados… la desaparición de un ser querido, la pérdida de un objeto valioso, un repentino cambio de rumbo de tu vida, la pérdida de un puesto de trabajo, un accidente…. hay tantas cosas que nos dejan fuera de lugar…

Tengo alma de golden y me influyen mucho, muchísimo los golpes.  Una mala respuesta de tu pareja, una muestra de desconfianza de un amigo, de tu jefe, de un familiar cercano… son cosas que me afectan sobremanera.  Más de lo que debiera aunque pienso que las cosas suceden por alguna razón, para aprender, para rectificar.  Si nunca recibes un varapalo nunca podrás mejorar…

Es importante recuperarse de los puñetazos que nos da la vida.  Es muy importante aprender de ellos y quedarse con ese aprendizaje que es intrínseco a cualquier suceso.

Es vital sobreponerse a los acontecimientos que nos dejan para el arrastre para levantarse con más fuerza.

Hay que perdonar.

Hay que olvidar.

Hay que aprender…

 

En fotografía la gran latitud de exposición (la capacidad de recoger detalle en las sombras y en las altas luces) o también llamado rango dinámico de los sensores de nuestras cámaras permite recuperar detalle de zonas donde aparentemente no hay nada…

En las sombras:

Y en las luces:

 

Evidentemente recuperar información en las sombras generará más ruido al iluminar artificialmente esas zonas.  El software tendrá que inventarse píxels en función de los que tenga alrededor que sí tienen información real por lo que cuanta más oscura esté la foto más ruido y defectos mostrará al aumentar la exposición o levantar las sombras… pero eso ya es harina de otro costal.

Así pues una foto con muchísimo contraste, es decir, mucha diferencia entre las partes iluminadas y las partes oscuras:

Puede equilibrarse dando lugar a una foto más bella y compensada, más acorde a lo que vemos en la realidad (nuestros ojos superan de largo la capacidad de discernir detalles de una cámara de fotos):

Dedicado a quienes nos iluminan por la vida.

 

 

 


Tic, Tac, Tic, Tac

Soy hombre de tarde… por decirlo de algún modo.

Quiero decir: mi máximo nivel, rendimiento o actividad creativa se produce por la tarde, a medida que anochece.

No puedo hacer deporte por la mañana… entre otras cosas, en general no me siento pletórico.

A medida que avanza la tarde voy activándome, animándome, sintiendo cosas, llenándome de estímulos que quieren escaparse en forma de fotografía, escritura, lectura… hay como un poder acumulado durante el día que quiere escapar cuando precisamente el día se escurre por el horizonte.

A medida que llega el ocaso simplemente me siento diferente. La música no me suena igual, no siento de la misma forma la temperatura exterior, el viento no me acaricia de la misma manera.

Mi hora favorita (sí, tengo una hora favorita, qué le vamos a hacer…) son las 7 de la tarde.  Ahí podría hacer cualquier cosa: nadar 100 largos de piscina, estudiar cualquier materia árdua, escribir un post en este blog o sucumbir a un suizo bien caliente (vale, eso se puede hacer a cualquier hora pero no me sabe igual…).

Supongo que al ir perdiendo capacidad de visión a medida que los colores del día pasan a unos grises teñidos el resto de los sentido se agudizan.

O simplemente al haber nacido a las 9 de la noche voy acercándome a la hora a la que tuve que asomar la cabeza a este mundo.

O… bueno… mejor no darle más vueltas y aceptar que de la misma forma que puedo tener habilidades para algunos asuntos también he de asumir que mi yo se hace YO a determinadas horas del día.

En fotografía el atardecer es un clásico.  En esos momentos la luz adopta una calidad y cualidad maravillosas.

Existe lo que se llama la “hora mágica” que es precisamente en esos momentos donde el sol se pone y el cielo adopta unos colores, unas sombras y texturas que gracias a que son efímeras nos dejan con ganas de más al día siguiente.

Curiosamente es bastante difícil diferenciar una fotografía hecha al atardecer o al amanecer, la calidad de la luz es prácticamente la misma exceptuando que por la mañana hay menos polución, menos partículas en suspensión y hay más visibilidad.  ¿Hacemos una prueba?

¿Cuándo está hecha esta foto?

    

Aquí tenéis la respuesta (pincha en el botón rojo):

Así que si no queréis madrugar siempre podéis “engañar” al prójimo haciendo una fotografía al atardecer. Colaría.

Pero lo que se siente a media tarde, cuando el mundo se calma, se relaja y todo lo que hemos acumulado durante el día sale o se asimila en nuestra mente y nuestra alma, no se siente por la mañana.

        

Dedicado a la cerveza de las 7 de la tarde en cualquier terraza viendo la vida pasar


¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Porqué?…

Es muy posible que la mejor serie de TV de todos los tiempos sea Lost (Perdidos).  O al menos hasta el momento (compitiendo con Twin Peaks). Cada capítulo te engancha de tal forma que es difícil vencer la tentación de no querer ver el siguiente.  Conozco gente que ha estado más de 10 horas seguidas viendo capítulo tras capítulo.

¿Porqué es tan buena?

Creo que el gran mérito que tiene la serie es que constantemente se hacen preguntas que te obligan a querer saber las respuestas.

El último capítulo acaba con muchas incógnitas sin resolver.  Aún así ha triunfado mundialmente y pienso que el éxito de la serie son que las preguntas sin resolver hace que sigas pensando en la serie.  Así pues las preguntas eran más importantes que las respuestas.

¿Cuántas preguntas nos hacemos en la vida?

Cuando somos pequeños nos preguntamos qué seremos de mayor.

Cuando somos adolescentes nos preguntamos qué queremos estudiar, qué coche comprar, cómo será nuestra pareja o si viviremos muchos años.

Cuando somos mayores nos preguntamos porqué no hemos sido aquello que hemos querido, porqué no hemos hecho lo que nos gustaba en cada momento y porqué nos hacemos tantas preguntas sin respuesta.

Preguntas… constantemente en nuestra cabeza…

Hace poco en un curso hubo una frase que se me quedó grabada proveniente del libro “quién se ha llevado mi queso” de Spencer Johnson que era algo así como:

¿Qué harías si no tuvieras miedo?

Y esa es una pregunta que deberíamos tatuarnos… si el miedo al fracaso, a la crítica al error no nos paralizara: ¿qué haríamos en nuestra vida para que fuese la mejor que pudiéramos vivir?

¿Cambiaríamos de trabajo? ¿De pareja? ¿De pais? ¿De forma de ser? ¿Vestiríamos de otra forma? ¿Seríamos una especie de Dr. House quien dice lo que piensa pese a las consecuencias?

Yo creo que SÍ. En algunos casos, claro…

Cuando voy a hacer una foto, me voy haciendo preguntas: ¿qué quiero mostrar con la foto? ¿qué quiero hacer sentir al espectador? ¿quiero que busque? ¿que encuentre? ¿dónde quiero que mire? ¿que me interesará acentuar? ¿quiero eliminar algo ahora o lo haré después en el ordenador?

Hay varios tipos de preguntas en fotografía:

-las técnicas.

-las que se hace el fotógrafo cuando va a componer la escena.

-las que se hace el espectador cuando ve tu obra.

Las primeras son contestadas de forma más o menos rápida. El diafragma, la velocidad de obturación, el valor ISO,la técnica en definitiva se va resolviendo con la práctica y el oficio.

Las que se hace el fotógrafo son pasionales, emocionales, instantáneas.  Yo veo “algo”, un momento, un detalle, una sensación que intento recoger en la cámara para luego intentar enseñártela de la misma forma que la concebí en su momento.  Puede parecer marciano pero muchas veces las fotos se “ven”.  Así como tú ves belleza en una obra determinada, disfrutas con la música donde otro oye ruido los fotógrafos “vemos” esos momentos e intentamos atraparlos para siempre en nuestras tarjetas de memoria. Ha perdido la nostalgia del carrete y no suena igual pero al fin y al cabo es prácticamente lo mismo. No somos seres estrambóticos.  Somos seres humanos emocionales antes que racionales y somos capaces de percibir aquello que nos emociona.  Así pues cuando miro por el visor voy componiendo y midiendo en función de lo que pretendo mostrar.

Las últimas están relacionadas con las anteriores.  Uno en su ordenador, con su tableta. muestra aquello que captó y que por cualquier razón no queda suficientemente explícito  y quiere transmitir muchas veces preguntas en lugar de respuestas.  Quiere que te quedes mirando una parte de la foto y no otra para preguntarte: ¿quién vivirá en esa casa? ¿qué hace esa persona ahí? ¿qué ocurré en ese lugar en ese momento?

Sugiere, oculta parcialmente, deja en penumbra, desenfoca creativamente, juega con la composición o la técnica pero haz que el espectador se quede mirando en posición boquiabierta.

          

Dedicado a Angel Sotelo… aquí tenéis su web y aquí su enlace a facebook y el de su precioso nuevo negocio.


Esfuerzo

Antes de seguir leyendo… ¿sabes quién es el equipo Hoyt? Concédete unos pocos minutos, muy pocos para ver una cosa:

Pincha AQUÍ  (siento la música que le ponen a estos videos, en lugar de emocionar casi avergüenzan…)

Aquí tenéis la historia completa para quien quiera saber más.

Me encantan los puzzles.  Me entusiasma el reto de conseguir montar todas esas piezas. Y aunque reconozco que una vez montado pierde parte de la sorpresa, el instante de romper la bolsa y esparcir todas las piezas buscando las que formarán el marco, agrupándolas por colores o patrones, me llena de emoción.  Me siento como un niño.

El puzzle empieza bien, el marco es muy fácil de hacer pero en ese momento te entra el pánico. Uno piensa cómo va a salir vivo de esa, cómo llegará a encajar todas esas piezas que casi por arte de magia se multiplican.  Creo que una vez abres la caja, al cabo de unas horas hay más piezas que al inicio.  Es un misterio que un día se resolverá.  Como cuando mi madre me decía que al cabo del rato había más carne en el plato del que me había puesto inicialmente, nunca la creí pero pienso que quizá tenía razón.

Pero al final monto el puzzle.

Sí o sí.

Con ESFUERZO. Con tesón, con dedicación.

 

La primera foto que hice con una réflex digital me dejó mudo.  No tenía nitidez, no estaba bien compuesta, no era emotiva ni tan siquiera estaba bien expuesta.  Con el tiempo he ido aprendiendo una técnica, un método, una teoría sobre la fotografía.  Y no ha sido gratis.  Me ha costado muchas horas saber lo que se. Y las que me quedan para seguir aprendiendo…

He mejorado.  Bajo mi punto de vista, mucho.  Otros podrán ver mis fotos y decir que siguen mediocres o que me queda un largo camino por recorrer. Y tendrán razón.  Estoy escalando esa montaña que es el arte de la fotografía.  Una montaña con decenas de cumbres porque siempre hay algo más allá.  Una nueva técnica.  Una nueva motivación que hace cambiar tu rumbo y cuestionar todo lo que habías hecho hasta entonces.

Y si he mejorado ha sido sobretodo gracias al esfuerzo que he hecho por leer casi todo lo que ha caido en mis manos sobre fotografía.  Por pasar horas y horas delante del ordenador viendo tutoriales, siguiendo cursos online, participando en foros…

Y también disparando y disparando fotos.  Menos de las que me gustaría y muchas menos de las que debería.

Y todo, repito, con muchísimo esfuerzo.  Con muchas horas haciendo y deshaciendo en Lightroom o Photoshop para acabar en el primer paso de la paleta “historia” y dejar la foto tal cual porque no era capaz de encontrar la manera de llegar a ese resultado que tenía en la cabeza.

 

Cada minuto que pasaba en la bici aprendiendo a guardar el equilibrio era un minuto menos que faltaba para poder ir yo solo.

Cada momento que pases intentando cazar una tormenta, encontrar el tiempo de exposición adecuado o calculando la distancia hiperfocal será un minuto bien invertido. Cada hora que estés con Lightroom revelando tus raw y haciendo lo posible por sacar a relucir aquel detalle, aquella textura o darle ese sello tuyo quedará menos para que la próxima vez que lo hagas tardes menos y te quede mejor.

No se aprende a tocar el piano de la noche a la mañana.  Ni a pintar, ni a escribir a máquina, ni a hacer excelentes fotos.

Las primeras fotos que hice hace años no costaban nada: hacer un click en modo automático y a correr, daba igual que estuviera mal compuesta, torcida o desenfocada, la cuestión era disparar y disparar:

Pero con el tiempo uno va mejorando para obtener fotografías más complejas (que te gusten o no es otra historia pero para nada están hechas en modo automático):

                

Fíjate en la cara del padre Hoyt cuando llega a la meta… es una cara de sufrimiento derivada del esfuerzo descomunal de su gesta… pero esa cara muestra también satisfacción, placer, recompensa por conseguir algo, un logro, una meta, un fin.  Eso no tiene precio.  Así que cuando a veces me da pereza hacer algo muchas veces pienso en la familia Hoyt y entonces digo adelante!!

Dedicado a Elena e Ibai.


Chasquido de dedos

En la vida (muchas veces creo que empiezo igual… “en la vida”… bueno, creo que es lo mejor que tenemos ¿no?) hay elementos, personas, situaciones, anécdotas, lugares, comidas, bebidas, actos en general que nos encienden la bombilla, nos ponen en alerta y nos hacen apreciar lo bueno, lo amargo, lo cruel o lo hermoso.  Lo estimulante al fin y al cabo.

Aquella canción de nuestra adolescencia que cada día queda más lejos.

Aquel sabor que nos transporta a un helado infantil.

Aquella broma que nos hace tanta gracia y no sabemos porqué.

Aquella raza de perro, clase de planta, tipo de nube, color, etc. que nos emociona, impacta y gusta (como yo digo: nos sulivella).

Cada uno de nosotros tiene sus propias afinidades en todos los ámbitos de la vida y eso hace que determinados estímulos nos toquen en lo más profundo chasqueando los dedos y haciendo que nos  fijemos en eso durante mucho tiempo.

En mi caso un perro de la raza golden, una nube gigantesca, una flor en medio de la nada, un buen trago de agua en su momento justo, la cerveza de las tardes, una canción de los Sigur Rós en el momento ideal, una fotografía bien realizada, un sorprendente vídeo que aparece por casualidad en youtube, un sabor de helado preferido, un momento chispeante de tu mujer, tu moto preferida, un coche del mismo modelo que tenías antes… decenas de cosas que te son afines y te despiertan, te hacen sonreir y pulsan el botón de “activación”.

Cada uno tenemos nuestro catálogo de cosas afines.

Y son pequeñas cosas, nada extraordinario ni complejo.  Simplemente cosas pequeñas pero que tienen una importancia enorme en nuestras vidas.  Sentarse en un banco a contemplar la gente pasar… Acariciar la cabeza de un perro y ver cómo mueve su cola… ver cómo aprende a caminar un bebé… ver cómo un alfarero moldea el barro…  un cigarro después de comer (para los que fuman)… mis dibujos animados de todas las noches…

Cosas pequeñas que se transforman en grandes momentos.

En fotografía una de las claves que podemos utilizar para llamar la atención del espectador es el uso del punto o de elementos muy pequeños que centran la atención y la dirigen a donde queremos.  Son objetos que no pueden ocupar más de un 10% de toda la imagen (muchas veces ni el 1%) pero que llaman poderosamente la atención.  Aquellas zapatillas que te gustan en medio del catálogo pueden ser tu faro así como en fotografía y pequeño objeto puede ser el protagonista de la acción.

Después en el ordenador podemos exagerar (que no inventar) ese elemento y forzar que la mirada vaya a él.  Y eso es una técnica que usaban los pintores desde hace muchísimos años (acompañándola de que ese punto era el más claro en todas la imagen llevando los ojos a dicho elemento de forma irremediable).

Seguro que en las imágenes siguientes se os va la vista irrmediablemente a los pequeños objetos que se muestran… la cometa, la canoa, la señal o el faro…

                  

Dedicado a los pequeños placeres de la vida: sobretodo los que no se obtienen con dinero.


Planeta M.A.

¿Has visto el video Glósoli del grupo Islandés Sigur Rós?.  Si no lo has hecho corre y échale un vistazo, te espero…

 AQUI lo tienes

¿Que tal?

A mí por lo menos me entusiasma.  Me cautiva.  Me hipnotiza.

En 6 minutos han sabido crear un mundo.

Una historia llena de ambigüedades donde una serie de niños son los únicos habitantes del mundo.  NIños de diferentes partes del planeta que se reunen y saltan juntos quizá en algún objetivo común: el de unir los diferentes pueblos.  Ellos no entienden de diferencias. Esa es mi interpretación. Tú tendrás la tuya.

Quizá no te gusten los Sigur Rós.

Pero lo que hay que reconocer es que han creado un mundo propio.  Una estética personal, unos tratamientos del sonido, de la imagen, de las atmósferas únicas.  De hecho, el cantante, Jónsi, ha creado un idioma fonético donde la letra se adapta a voluntad del cantante a las melodias y armonías de la música en completa libertad.

Un ejemplo lo podéis ver en la canción Festival. AQUÍ la podéis escuchar.

Cuando uno avanza en su carrera o experiencia como fotógrafo va aprendiendo a crear.  A construir fotos más que a capturar miles de instantáneas.

Esto no es coleccionismo.

Esto es ARTE.

Los Sigur Rós me enseñaron (además de Islandia, mi país favorito) una realidad alternativa, propia y personal que te llega, te hipnotiza y te transporta.

Ellos son, en una pequeña parte, los responsables de buscar una visión personal allá donde mire.

Gracias a ellos veo magia donde antes no la veía.

Os debo una!!

Así pues, en fotografía uno puede construir realidades diferentes, interpretaciones propias que lo caracterizan y muestran una pincelada de ese mundo que tiene en la mente, en el alma…  A través de técnicas, estilos, trucos (que no atajos) y muuuucho trabajo uno puede llegar a transformar esa realidad que sólo existe en la cabeza de quien la crea. No invento nada, interpreto mi versión de la obra de teatro que es la vida, que es el mundo.

                

Dedicado a Jonsi


Footsteps

He vuelto!! Tras el verano me dispongo a seguir con la vida anterior a las vacaciones que solemos echamos de menos.

Hace años tocaba en un grupo… y cuando íbamos por los bares a tocar en acústico casi siempre caía “Footsteps“, una canción de Pearl Jam (pincha en el título para oirla).

Y pese a que la canción es bastante dura, va sobre despedidas y “borrón y cuenta nueva”, los acontecimientos, los lugares, los sucesos que nos ocurren dejan huella.  Algunas se pierden, como en las playas y otras perduran más como nos contaba Nino, nuestro guía en Lanzarote, varios años si pisas en un campo de ceniza volcánica.

Pero las más importante suelen ser las huellas humanas, aquellas personas que nos marcan de por vida y que nos acompañan, a nuestro lado o invisibles en nuestro entorno.

Nuestros vecinos, conciudadanos, comensales en un restaurante…

Nuestros jefes, empleados, socios…

Nuestros amigos, colegas, compañeros de viaje…

Y sobretodo nuestra familia de primer orden: mujer/hombre, padres e hijos… éstos nos cambian la vida y nos hacen evolucionar, nos hacen caminar juntos  aprendiendo cada día.

Podemos cambiar de casa, de coche, de televisor, de teléfono móvil, de colonia o de marca de cámara fotográfica… pero no podemos cambiar a nuestros hijos, nuestra pareja(vaaaale, la gente se divorcia pero no es agradable y aún así dejan huella ¿no?).

Nuestra familia (y algunos amigos pueden ser incluso más que la familia) nos marcan a fuego día a día, con ese pequeño gesto de un hijo que aprende cada día, con ese gusto oculto que no sabíamos de nuestra mujer o una discusión con la que limpiar la agenda de reproches que tenemos de serie…

Me imagino que los que sois padres podréis darme la razón (espero verlo yo algún día): los que más marcan nuestro camino son los niños, al fin y al cabo son el futuro ¿no?

En fotografía las huellas también me han hecho siempre mucha gracia y aunque no me fascinan sí me gusta observar e intentar adivinar a quién pertenecieron… si pisan fuerte, si pisan débil, si estaban corriendo, si pertenecen a hombre o mujer, a pájaro grande o pequeño, a perro…

    

Dedicado a los maestros que han de enseñarme


Siga Jugando

Os acordáis cuando os comprábais un colajet o un frigurón (muchos no saben a lo que me refiero, buscarlos en san google) y al final, cuando salía el palo que luego no dejabas de morder aparecía la leyenda “siga jugando”…?

La vida consta de elecciones, de posibilidades, de opciones desconocidas que día tras día nos ponen en un brete y nos animan a seguir caminos diferentes, a experimentar, en definitiva, a ESCOGER.

Escoger entre seguir un camino conocido o intentar explorar la otra posibilidad, la otra opción, la cual nos da miedo, que nos obliga a estar alerta, atentos a aquello que no conocemos y rechazamos.

Con los años uno aprende a jugársela… a veces con redes, otras veces sin ella.

Pero con los años uno aprende a que cambiando de vez en cuando el camino a seguir uno aprende cosas nuevas.  Los grandes exploradores no hubieran descubierto nuevos mundos si hubieran seguido su camino como los hámsters… dando vueltas a la misma rueda toda la vida.

No importa si aciertas o no… no importa si la jugada te sale redonda o si apuestas al rojo y sale negro…

Lo que importa es DECIDIR, escoger y una vez haces tu elección ir a por todas.

Porque al menos tanto si aciertas como si no, lo que haya sucedido ha sido por tu voluntad y no te lo han contado, lo has VIVIDO.

En fotografía los caminos siempre me han gustado mucho porque son muy simbólicos.. en la niebla todo lo que vemos un poco más allá es indefinido, un misterio, algo por descubrir… y también podemos ver que hay muchas elecciones, que de un punto salen ramificaciones que determinarán cómo nos irá la vida.  Muchas veces no podemos volver atrás pero hay que elegir.

Elegir entre ser padre o no… entre un trabajo u otro… entre comprar una vivienda o alquilarla…entre vino blanco o vino tinto… entre vivir y no vivir…

        

 

Dedicado a Andrea