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Chasquido de dedos

En la vida (muchas veces creo que empiezo igual… “en la vida”… bueno, creo que es lo mejor que tenemos ¿no?) hay elementos, personas, situaciones, anécdotas, lugares, comidas, bebidas, actos en general que nos encienden la bombilla, nos ponen en alerta y nos hacen apreciar lo bueno, lo amargo, lo cruel o lo hermoso.  Lo estimulante al fin y al cabo.

Aquella canción de nuestra adolescencia que cada día queda más lejos.

Aquel sabor que nos transporta a un helado infantil.

Aquella broma que nos hace tanta gracia y no sabemos porqué.

Aquella raza de perro, clase de planta, tipo de nube, color, etc. que nos emociona, impacta y gusta (como yo digo: nos sulivella).

Cada uno de nosotros tiene sus propias afinidades en todos los ámbitos de la vida y eso hace que determinados estímulos nos toquen en lo más profundo chasqueando los dedos y haciendo que nos  fijemos en eso durante mucho tiempo.

En mi caso un perro de la raza golden, una nube gigantesca, una flor en medio de la nada, un buen trago de agua en su momento justo, la cerveza de las tardes, una canción de los Sigur Rós en el momento ideal, una fotografía bien realizada, un sorprendente vídeo que aparece por casualidad en youtube, un sabor de helado preferido, un momento chispeante de tu mujer, tu moto preferida, un coche del mismo modelo que tenías antes… decenas de cosas que te son afines y te despiertan, te hacen sonreir y pulsan el botón de “activación”.

Cada uno tenemos nuestro catálogo de cosas afines.

Y son pequeñas cosas, nada extraordinario ni complejo.  Simplemente cosas pequeñas pero que tienen una importancia enorme en nuestras vidas.  Sentarse en un banco a contemplar la gente pasar… Acariciar la cabeza de un perro y ver cómo mueve su cola… ver cómo aprende a caminar un bebé… ver cómo un alfarero moldea el barro…  un cigarro después de comer (para los que fuman)… mis dibujos animados de todas las noches…

Cosas pequeñas que se transforman en grandes momentos.

En fotografía una de las claves que podemos utilizar para llamar la atención del espectador es el uso del punto o de elementos muy pequeños que centran la atención y la dirigen a donde queremos.  Son objetos que no pueden ocupar más de un 10% de toda la imagen (muchas veces ni el 1%) pero que llaman poderosamente la atención.  Aquellas zapatillas que te gustan en medio del catálogo pueden ser tu faro así como en fotografía y pequeño objeto puede ser el protagonista de la acción.

Después en el ordenador podemos exagerar (que no inventar) ese elemento y forzar que la mirada vaya a él.  Y eso es una técnica que usaban los pintores desde hace muchísimos años (acompañándola de que ese punto era el más claro en todas la imagen llevando los ojos a dicho elemento de forma irremediable).

Seguro que en las imágenes siguientes se os va la vista irrmediablemente a los pequeños objetos que se muestran… la cometa, la canoa, la señal o el faro…

                  

Dedicado a los pequeños placeres de la vida: sobretodo los que no se obtienen con dinero.

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Aquí y Ahora

¿Cuántos sucesos importantes han ocurrido en nuestra vida?

Muchos, muchísimos…

Pero ¿cuántos han sucedido por “azar”, por casualidad, por haber estado en el momento adecuado y en el lugar adecuado?

Azar, destino no se… estoy  a medio camino de pensar si las cosas suceden por puro azar, por sucesos aleatorios que dan resultados inesperados o bien porque hay un guión divino escrito que cada uno intentamos interpretar mientras nos topamos con él.

Muchos momentos en mi vida han sucedido por haberse reunido unas circunstancias que me han llevado a unas decisiones críticas y decisivas. O por caminos vitales. ¿Por azar?

No hay realidades alternativas para saber si he acertado o si el destino me ha premiado o castigado, no lo sabré nunca.  El camino vital es único y las bifurcaciones se entrevén pero una vez dejados atrás no tiene sentido saber qué hubiera pasado si hubiéramos elegido B en lugar de A o sin quererlo alguien o algo nos hubiera hecho escoger C en lugar de D o de H.

El momento adecuado, el suceso clave mientras recorremos la aventura que es la vida es mágico, infinítamente pequeño y minúsculo. Breve, intenso y decisivo a lo que me pregunto qué, quién, porqué se juntan determinadas circunstancias para que sea tan decisivo.

Como no mencionar a Henry Cartier-Bresson caracterizado por su incansable caza del instante decisivo. Ese pequeño instante donde se produce la magia.  Instantes congelados donde el universo se pone de acuerdo para crear un momento único (lo que yo llamo simpáticamente MOMENTAZO).

Este tipo de situaciones se refieren más a la fotografía documental, periodística o etnográfica donde hay multitud de elementos, normalmente humanos, que dan esa variabilidad casi infinita de posibilidades de toparse con la magia.

Mientras realizamos fotos muchas veces se produce ya sea por la técnica utilizada (ráfaga en velocidades altas de obturación) o por “eso” el momento, el instante que merece ser recogido por la cámara e inmortalizado. Posiblemente no se produzca nunca más, esa ola jamás volverá a repetirse, esa nube no tendrá nunca más esa forma extrañamente curiosa o ese guiño en una criatura no tendrá esa ternura maravillosa. Las flores no están eternamente hermosas o el rocío no siempre está presente para que lo observemos.

      

Hay que estar dispuestos siempre a capturar ese momento mágico.  Si disparas en ráfaga seguro que hay una toma que tiene algo especial, donde se han juntado esos ingredientes secretos que dan lugar a una pausa en la eternidad digna de enmarcar.  Comprueba tus fotos e identifica qué foto tiene eso que la hace especial, así aprenderás a repetir la toma.  Hay factores que no los podrás controlar pero en eso está la clave… en la sorpresa que nos depara la vida.

Dedicado a la magia escondida en el mundo.