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Toc, Toc

Me encantan las puertas… sobre todo las viejas.  Cuánta gente habrá entrado y salido de ellas, cuántos intentos de abrirlas en noches de borrachera o cuántas visitas esperadas (o no) habrán recibido.
Las puertas de madera tienen un encanto especial, su envejecimiento lento pero inexorable las hace cada vez más bellas, más estéticas y con una decrepitud preciosa.
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Y cuanto más viejas son más bonitas se vuelven…  Los diversos tonos de la madera, la inicial podredumbre que cambia la estética de los listones, cambiando su color, su tonalidad y su estética…
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Viejas casas con viejas puetas y ventanas, viejas historias en su interior y mucha vida recorrida…
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Multitud de detalles para captar, para apreciar, para fijarse en ellos y ver cómo el paso del tiempo, el sol, la lluvia, los pequeños insectos que se posan en ellas, hasta el fuego.  Las superficies viejas en maderas como las puertas, ventanas, vallas, etc. son un estupendo mundo por recorrer y llevarse a casa en forma de fotografía.
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Cuando hagas fotografías de puertas posiblemente haya una distorsión de la forma de la misma porque si usas objetivos por encima de los 50mm seguro que habrá una deformación de barrilete más o menos acusada.  No te preocupes, en el ordenador se puede corregir la perspectiva de más de una forma, si quieres que te ayude puedes escribirme y te cuento cómo (no es nada difícil).

Dedicado al inexorable paso del tiempo que nos guste o no es inevitable


Inversión segura

Mírate al espejo…

¿Piensas que estarás así toda la vida?

¿Crees que no envejecerás y tu imagen reflejada será siempre la misma?

Un buen día somos jóvenes, con piel tersa, activos, ágiles… y de repente aquello queda atrás.

Todos nos degradamos indefectiblemente.  Así es la vida.

Eso es la vida.

Así que deshagámonos de un mito que es que lo viejo es feo y que hay que rechazarlo.  Lo viejo, demacrado, derruido puede ser bello ya que podemos apreciar en él un trabajo de años, un desgaste producido por el hecho de estar vivo o simplemente de existir si lo que contemplamos es un objeto inerte.  Ser viejo es consecuencia de estar vivo y se deriva de haber llegado ahí durante mucho tiempo, lo cual tiene muchísimo mérito.

Me gustan mucho las texturas de madera vieja, de establos abandonados,llenos de elementos que un día sirvieron de mucho y que ahora aguantan como pueden o quedan abandonados a la deriva.

Pero lo que podemos observar en estas maravillas es que en cada objeto, cada zona refleja aquello que ha sufrido durante su vida. Quiero decir: lo viejo no deja de ser un resultado, una consecuencia de aquello que ha estado en contacto con nosotros durante años y años.

Así pues hemos de fomentar actitudes positivas, habilidades y conocimientos que nos hagan llegar a ese estado de la mejor forma posible. De la misma forma que una buena madera con un buen barniz aguanta muchísimos años, unas buenas maneras de vivir nos llevarán a un mejor final de carrera.

Como decían en una magnífica obra de teatro amateur PAL (Patologías Audiovisuales Latentes, de Juan Pablo Mendiola), las arrugas que tengamos en nuestra cara reflejarán aquello que hagamos hecho para que se revelen.  Es mejor tener arrugas de reir que de fruncir el ceño.

Por ello abonemos la vida con amor, con buenos sentimientos, porque ese material es el que nos nutrirá durante mucho tiempo y hará que aún aguantemos esas vigas que conforman la vida de un ser humano.  Esos clavos oxidados han de seguir sosteniendo el paso del tiempo y en función de cómo estén hechos aguantarán más o menos los embates de la vida.

Seamos clavos duraderos y fuertes y no clavos puntiagudos y amenazantes.  Que cuando devolvamos la pelota al niño no seamos aquel viejo que te decía que al próximo balonazo se quedaba el balón.

Cuando hagamos fotos de texturas, maderas viejas, clavos, superficies abandonadas habrá que fijarse siempre en la dirección de la luz.  Ésta ha de ser lo suficientemente lateral para que se aprecien las texturas y los volúmenes.  Por ello es una buena ocasión para aprovechar ese sol intenso de verano del cual algunos huímos.  La luz intensa acentúa mucho el color y si la usamos en el ángulo apropiado observaremos los detalles de cada elemento:

Dedicado a aquello que seremos.